Lourdes Heredia
BBC Mundo, Washington
El presidente de Estados Unidos, George W.
Bush, dejó la Casa Blanca este lunes para viajar a Europa, una gira de despedida en la que espera convencer a sus homólogos sobre la necesidad de presionar a Irán, así como pedir más respaldo en Afganistán.
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Luego, el mandatario se desplazará a Alemania, Italia, Francia y Reino Unido. También aprovechará para visitar el Vaticano e Irlanda del Norte.
A seis meses del fin de su mandato, ni siquiera la Casa Blanca tiene grandes expectativas de este viaje de despedida.
"No creo que vayan a escucharse anuncios espectaculares", admitió a la prensa poco antes de la partida el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley.
Agenda llena
Bush tiene varios temas a tratar en la agenda, incluidos la liberalización del comercio, el calentamiento global, Afganistán, Medio Oriente y, sobre todo, Irán.
La cumbre europea-estadounidense se celebra unos días antes de que Javier Solana, jefe de la diplomacia de la UE, viaje a Teherán para presentarle al gobierno iraní las últimas propuestas para que suspenda sus actividades nucleares, elaboradas por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania.
Bush nunca ha descartado el uso de la fuerza contra Irán, pero sabe que ahora sólo le queda la diplomacia para que Europa presione a Teherán.
El mandatario estadounidense cree que Irán es una prioridad y aunque no descarta el uso de la fuerza, sabe que con la guerra en Irak y Afganistán, además de que termina pronto su mandato, sería imposible llevar un operativo militar.
Por eso, en su reunión va a presionar a Europa para que ésta endurezca las presiones a Teherán.
Con el viaje sorpresa de la primera dama, Laura Bush, a Afganistán el fin de semana pasado, el mandatario también espera presionar a los europeos para que apoyen con más fondos a ese país.
Economía
Sin embargo, ni siquiera esta gira permite a Bush alejarse del tema que más interesa por ahora a sus conciudadanos: la economía.
"Muchos estadounidenses están preocupados por nuestra economía. Puedo entender por qué. Los precios de la gasolina están altos, los precios de la energía están altos," afirmó.
El precio del barril de petróleo alcanzó un nuevo récord de US$139, lo cual, junto con la debilidad del dólar, ha afectado fuertemente el bolsillo de los consumidores estadounidenses. Por eso, el mandatario habló a favor de un dólar "más fuerte".
"Un dólar fuerte va en el mejor interés de nuestra nación, en el de la economía global", dijo antes de subirse al helicóptero en la Casa Blanca.
(BBC)
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