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... Cristina Tardáguila
Rio de Janeiro
Con 3.892 refugiados de 70 nacionalidades diferentes viviendo en su territorio, Brasil se destaca en América Latina como el país que acoge más personas bajo esta condición.
En los últimos diez años, ha recibido 4.515 solicitudes de refugio y ha aprobado un 44,2% de ellas, según los datos del Comité Nacional para los Refugiados.
Esa tasa es internacionalmente clasificada como generosa puesto que las europeas oscilan entre el 1,9 y el 5%.
Sin embargo, el país sólo acoge un 0,03% de los 11,44 millones de refugiados que existen hoy según la ONU.
Los africanos corresponden al 67,7% del total de los refugiados en Brasil, y los angoleños son la mayoría, con 1.686 personas.
"Muchos escogen Brasil porque saben que aquí no tendrán problemas con la lengua. Seguirán hablando el portugués", explicó Javier López Cifuentes, representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados en Brasil.
En su opinión, Brasil es un oasis de recepción y de integración.
"Es un país que tiene una composición racial que permite la mezcla y la acogida, que posee todos los tipos de comunidades y que da a los refugiados los mismos beneficios y también las mismas dificultades de los brasileños".
Los segundos en la lista son los colombianos, que ya suman 526 personas y que suelen entran por la frontera amazónica.
En tercer lugar, están los congoleños, que son 302 y que residen, sobre todo, en São Paulo.
Historia
El papel de Brasil en el tema del refugio no es reciente. En 1960, fue el primer país del Cono Sur en ratificar la convención de 1951 sobre el estatuto de los refugiados.
En 1997, fue la primera nación de la región a sancionar una ley nacional sobre el tema.
En 2004, lideró el proceso que estableció el programa de Reasentamiento Solidario.
Además, Brasil también fue el primer país de Latinoamérica a tener un sistema tripartito de determinación del estatus del refugiado en el que participan el gobierno, la ONU y la sociedad civil.
Debido a esto, hoy la Iglesia Católica tiene una fuerte participación en la integración y el bienestar de los refugiados.
El secretario regional de Caritas brasileña, Antenor Rovida, explicó a BBC Mundo que esa organización humanitaria de la Iglesia pone a los solicitantes de asilo en contacto con abogados y, en caso de necesitarlo, con psicólogos.
También se les brinda alojamiento, se les pagan cursos de idioma portugués y reciben una ayuda de subsistencia por cerca de 2 años.
Experiencia
El ingeniero electrónico Naji Ama, de 30 años, nació en Irak. Cuando comenzó la invasión de Estados Unidos, huyó a un campo de refugiados en la frontera de Jordania y vivió en tiendas de campaña por 6 meses.
En septiembre de 2007, Naji y su familia llegaron a Brasil por medio del Programa de Reasentamiento Solidario. Hoy viven en el interior del estado de São Paulo.
"Lo que más me gusta es mi libertad. Después, que los brasileños son muy amables y se esfuerzan en entendernos. Siempre sonríen, cosa que yo no veía desde que salí de Irak", dijo Ama.
Sin embargo, su principal dificultad sigue siendo el idioma. "Quiero convalidar mi diploma de ingeniero, aprender mejor el portugués y empezar a buscar trabajo. Después pediré la ciudadanía brasileña", señaló en una entrevista en inglés.
Rosa María, una colombiana de 35 años que usa un nombre ficticio, también está en el Programa de Reasentamiento.
En 2004, dejó su país, huyendo de las FARC, y pasó un año en Ecuador.
Según dijo a BBC Mundo, la guerrilla la encontró, mató a su cuñado y la obligó a huir con su hermana y otros familiares.
Opciones
"En su momento, tenía dos opciones: Brasil o Canadá. Escogí Brasil porque el trámite de entrada era más sencillo - sólo dos meses -, mientras el de Canadá tardaría un año".
Rosa subraya que Brasil tiene las puertas abiertas a las personas en situación de peligro y que su Programa de Reasentamiento Solidario funciona bien.
"Conté con la ayuda por dos años, tiempo en el que hice cursos de inglés y de costura sin pagar nada. Ahora vivo por mi propia cuenta, trabajando como costurera".
Samuel Mbek, un angoleño de 39 años que también usa un nombre ficticio, llegó a Río de Janeiro en 1991, tras huir de la guerra civil en su país.
Ahora Samuel tiene amigos brasileños y lucha para volver a estudiar.
Dice que existe prejuicio hacía los negros pero aclara que eso no tiene nada que ver con su condición de refugiado.
"Me siento un brasileño más", dijo.
(BBC)
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